miércoles, septiembre 30, 2020

VENERABLE TERESA MIRA y SANTA TERESITA

 

Amor y misión



Las suyas son dos historias personales bien distintas La doctora mas joven de la Iglesia  nació en el seno de una familia burguesa bastante bien acomodada de Francia, y fue mimada por su padre y sus hermanas, haciéndose monja de clausura a los 15 años.  La venerable Teresa Mira perteneció a una familia pobre y supo lo que es el trabajar duro desde muy pequeña para ganarse el pan de cada día y ayudar a los suyos,  entrando después a la vida religiosa en una congregación de vida activa. Sin embargo Teresa Mira ha sido llamada la Sta. Teresita de España. Abundan los testimonios que nos hablan de su especial devoción por la santa de Lisieux, y de su estrecha relación espiritual.  Son muchas las características que las unen a pesar de todo.
                   Les une precisamente lo más central, lo más fundamental, que es su vivencia del mandamiento del amor. Ambas lo vivieron en la cotidianeidad del vivir día a día, en los pequeños detalles y acciones de servicio generoso y humilde. En palabras de Sta Teresita “soy un alma muy pequeña que solo puede ofrecer a Dios cosas muy pequeñas”  El recoger el alfiler del suelo, el doblar con esmero las capas de sus hermanas de comunidad, el sonreír a una hermana particularmente difícil. 
La sonrisa de Teresa Mira, su ofrecerse a subir agua del aljibe para la hermana cocinera, su cariño y dedicación sin limites a sus párvulos, el dejar que otras personas se le adelantasen en la cola del racionamiento, el aceptar tener que ir sin habito religioso al acabar la guerra civil porque las superioras así se lo pidieron, su paciencia en la enfermedad…. 
A los ojos del mundo gestos sencillos, pequeños y ordinarios, pero que ante Dios tienen un valor infinito En ambas es el amor a Jesús manifestado en el servicio y entrega a los demás lo que las mueve e impulsa, porque en los hermanos está Jesús, y porque Jesús está amando en ellas a los hermanos. “es voluntad vuestra amar en mi a todos aquellos a los que me mandáis amar (…) cuando soy caritativa es Jesús sólo quien obra en mí. Cuanto más unida estoy a él, tanto más amo a todas mis hermanas”. 
Es el misterio de comunión de la Iglesia vivido de una forma tan especial y única por nuestro P. Fundador, para quien la Iglesia, Cristo y los prójimos, es el objeto último de nuestro amor. Cristo presente en los demás, especialmente en los enfermos, niños, ancianos y necesitados.
               La santidad no es sino la voluntad de Dios realizada perfectamente en cada una de nosotras “La perfección consiste en hacer su voluntad, en ser lo que el quiere que sea” nos dice Teresita. Pero ¿cual es concretamente esa voluntad de Dios? Jesús mismo lo dejó claro en el evangelio “Este es mi mandamiento, que os améis unos a otros como yo os he amado”.
En sus escritos santa Teresita lo expresa con mucha fuerza y claridad: “comprendo tan perfectamente que no hay cosa que pueda hacernos gratos a Dios fuera del amor, que es este amor el solo bien que ambiciono” “las mas pequeñas acciones hechas por amor son las que cautivan su corazón” “Jesús no pide grandes obras, sino solamente abandono y agradecimiento (…) No tiene necesidad alguna de nuestras obras, sino solamente de nuestro amor”.      

                               Raquel Sánchez Vallina, cmt.